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Vivo hace pocos años en Chaiten, porque no nos gustaba Santiago, decimos quedarnos en esta pequeña ciudad, de pastos verdes, llena de gente amable y de hartos animales hermosos cubiertos de naturaleza hermosa. Vivía con mis padres; mis 2 hermanos (Hernán y Javier) y mi abuela. En mi familia no hay día en que haya una discusión. Siempre veo a mi padre, tan imponente en la familia, discutiendo con mi madre. Escuchaba entre furiosos gritos, golpes, cachetadas y una que otra chuchada, el llanto de mi madre, quien pensaba que el la ama.
-¡Mamá!, ¿cómo se te ocurre decir que mi papá te quiere, si solo te humilla?-. le dije enojado.
-Como se te ocurre Alejandro, si yo soy la culpable de los enojos de tu padre... responde con su tono suave
-Claro, si ahora tratar mal a la mujer es la gran moda...
Nunca entendí porque mi mamá se dejaba humillar. No se si es amor, masoquismo... pero lo importante es que a mi no me gustaban esos golpes porque a la mujer se le respeta, no se le humilla de esta forma.
Llegando a fin de mes, empezó a moverse la tierra de una forma cruda, tengo miedo de que a mi familia le pase algo, o a los animales, el panico que siento me tiene nervioso, la incertidumbre de enloquecía. Gracias a Dios que por suerte que terminó el temblor. A los 18 minutos la tierra se mueve de nuevo, mas fuerte, que el pánico vuelve a mi. Esos temblores continuaban de día y de noche; temblaba despacio y un poco fuerte, y mi padre nos obliga estrictamente a dormir con la ropa puesta, en caso de terremoto. Traté desenfrenadamente conciliar el sueño, pero nunca lo pude, porque siento que se mueve la cama, eran latidos del corazón o es que temblaba de nuevo. Sufro crisis de pánico por la impresionante cantidad de temblores, no quería salir de mi casa, estaba inseguro de mi sobre vivencia después de un terremoto.
-No te preocupes Felipe, si esto va a pasar luego-. Las consoladoras palabras de mi madre, me ayudaban a pasar el mal rato. Dos días despues, en la mañana; se escucho un estruendo gigantesco, veo en la ventana y una horripilante imagen se plasma frente a mis ojos. Era una fumarola gigante, tengo miedo.
-¡Mamá, Papá; El Volcán, El Volcán! titubeaba en medio del miedo que sentia por lo que pasara mas adelante.
Salgo a la calle con la familia entera, y veo esa gran fumarola, temible. Y la gente esta muerta de miedo, vociferaban que era el Michimauida, pero realmente era otro volcán, que nunca pensaban que fuera el, porque creían que estaba extinto. Comenzaba la erupción el Volcán Chaiten

Este cuento es solo ficción, esto no tiene nada que ver con la realidad del volcán Chaiten.
Nunca creí que estaría en un albergue. Nunca pensé que tuve que dejarlo todo. Nunca supuse que un volcán cambiaría mi vida y también, la de mis familiares de una forma tan abrupta. El lugar estaba lleno de gente que pasaba lo mismo que yo, y a los periodistas que buscaban un testimonio de lo que pasaba ahí. Todos están tristes, porque era difícil dejar las tierras que tanto forjaron con tanto esfuerzo y dedicación; y algunos aterrados, porque sus animales pueden morir. Veo sus caras llenas de tristeza y desolación. Aprovechando la masa despampanante de periodistas buscando victimas para poder llegar a dramatizar al espectador que ven el noticiario, llegando a tener un rating más alto; decidí contar lo que paso a algún periodista desocupado, dijo que si inmediatamente. Le contaba todo, con lujo de detalles, el periodista se emocionaba con lo que decía, fui arrebatado de las manos del volcán Chaiten.